“El número 23” o una película que podría ser buena y no lo fue

Una de las definiciones de “maldición” corresponde con: castigo que se cree divino o sobrenatural. Todos coincidimos en esta definición y en algún momento nos ha dado la sensación que hemos sufrido una; suspendemos una tanda de exámenes, el jefe nos echa la bronca y nos pilla un atasco o estamos tristes durante varios días sin saber el porqué. Cuando la desdicha nos acompaña notamos un peso sobre nuestros hombros y ese peso parece ser una maldición.

Lo solemos ambientar a través de la brujería, o al menos así lo veo yo por culpa de los videojuegos de rol, pero en esta ocasión es el motivo de la película que trataremos hoy. Una maldición se puede transmitir (tal como hemos visto en Rings) por una muerte o con mostrar el objeto maldito, que lanza su maldad como una radiación y todo aquel que la recibe tiene los días contados.

Pero una maldición no tiene porque matar. Una maldición también puede llevarte a los extremos de la locura, provocando que pierdas todo lo que tienes poco a poco para solo centrarte en aquello que te provoca mal. En esta ocasión es una historia que se centra en el numero que da titulo a esta obra.

No me entretengo más. Hoy, en Críticas Pintescas, El número 23. ¡Comenzamos!

El número 23… ¿Es una maldición o una bendición?

Walter (interpretada por Jim Carrey) trabaja en la recogida de perros callejeros que provoquen disturbios. Le avisan de un restaurante y el perro le muerde, escapando este. Una voz en off nos dice que si se hubiera acostado con una compañera de trabajo, engañando a su mujer, no le hubiera obligado a ir a por ese perro, no hubiera llegado tarde a la cita con su mujer y ella no le hubiera comprado el libro titulado “El número 23”.

Es un libro autoeditado y sencillo, con una portada escrita con maquina de escribir y por una persona cuyo nombre es Tobsy Kretts. Comienza a leerlo y explica como un chico avispado es criado en un pueblo muy aburrido. Quiere ser detective por influencia de las historias noir que se vendían años atrás en forma de historietas. Curioseando en la casa de la vecina, encuentra su hermosos cadáver. Walter comienza a ver similitudes entre Fingerling (protagonista del libro) y su vida, pero en los detalles es donde se diferencian. No puede dormir pensando en el libro, que le empieza a obsesionar.

Un Firgerling más adulto le encomiendan un caso de una chica suicida, contagiándole la maldición del número 23. Todo, absolutamente todo que uno pueda imaginar, esta contagiado por este número maldito. Parece que la calma, pero al marchar ella acaba suicidándose. Firngerling tiene una pareja muy pasional llamada Fabricia, que le “obliga” a mantener relaciones en la escena del crimen. Afirma que tras tener sexo en la habitación de la suicida, cada noche tiene pesadillas donde mata a Fabricia de forma cruel.

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Esta escena, con la fotografía que podemos ver y la música de violines chillando provoca pelos de punta

Agatha, la mujer de Walter, llama a un doctor para que hable con nuestro protagonista y le aclare un poco su naciente obsesión con el número. Este doctor le dice que ve el número por todos lados porque él quiere verlo, así que debe relajarse y poco a poco dejará de interesarle, consejo que no tomará. Sigue leyendo el libro y Fingerling descubre que Fabricia pierde el interés en él ya que se ha tomado unas vacaciones y solo le interesaba esa posición de poder.

Walter comienza a asociar los hechos del libro con su vida, ya que su mujer y el profesor se reunen a sus espaldas. También comienza a tener pesadillas donde asesina a Agatha y sufre por ello. Obsesionado con seguir leyendo, alquila una habitación de un motel cochambroso y obviamente, pide la habitación número 23.

Fingerling mata a Fabricia y acusan al amante que flirteaba con ella. Encerrado en una habitación, parece que se suicida, así terminando el capítulo 22 del libro. El perro que le atacó al principio, llamado Ned, lo lleva a un cementerio y a una lápida en concreto de una joven llamada Laura. En una elipsis parece que investiga sobre esta muchacha y su asesinato sin resolver. Va a la cárcel y visita al supuesto asesino de Laura, explicando este que jamás le hubiera hecho daño y que él no es Tobsy Kretts.

En este momento la historia toma un ritmo más trepidante y más lanzado, en contraste de mostrarnos la progresiva locura de Walter.

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Libro de autoedición bastante dañado pero suelen ser bastante interesantes (como los de un servidor… siento el spam)

Su hijo se lee el libro (a una velocidad pasmosa, ya que Agatha lo leyó enseguida y Walter le ha tomado muchísimo más tiempo) y encuentra una dirección oculta entre las páginas. Le envian una trampa a esa dirección y el hombre que lo recibe, al mostrarle el libro, enloquece de forma inmediata. Agatha se pone a investigar por su cuenta, igual que Walter. Este encuentra el cadáver de Laura en el parque Casanova pero no los restos, parque que se ha mostrado varias veces. Agatha visita el despacho del hombre que habían investigado y descubre que es un maldito por el número.

Ha sido Agatha quien ha retirado los huesos de Laura. Confiesa que Walter fue quien escribió el libro; su padre y madre murieron y el número le ha perseguido toda la vida. Conoció a Laura en la universidad pero esta parece flirtear con el profesor, acto que enloquece a Walter y la acaba asesinando a cuchilladas. Acaba confesando el crimen y liberan al hombre sospechoso de haber asesinado a Laura; le rebajaran la condena por haberse declarado pero parece que el número le va a perseguir toda la vida.

¿Qué es el 23? ¿Dios? No, una obra que podría ser buena y termina siendo mediocre.

La película se podría dividir en dos partes que cuya calidad se nota muchísimo en descenso a partir del minuto 50’, a partir de que marcha a la habitación 23. A partir de ese momento la pelicula se pierde en querer resolver un caso que a nadie le importa, ya que queremos ver como cae en la locura, no como quiere resolver el caso de Laura. En la parte final tiene fallos por un tubo, como por ejemplo: ¿si es él quien mata a Laura, porque no encuentran sus huellas en el cuchillo? En el momento de enterrarla, Ned el perro lo observa; ¿cómo es posible? Ese perro tendría que ser muy anciano tras el reencuentro con Walter tiempo despues, que le da tiempo a casarse y que su hijo sea un adolescente. ¿Por qué el hombre del hotel no lo reconoce al pedir la misma habitación? Le destrozo la habitación y casi muere, es algo para recordar, es más, parece que le se acuerda de él pero no dice nada. ¿Dejarías entrar a quien te destrozo una habitación? ¿De verdad le rebajan la pena por declararse culpable de un crimen de hace tanto tiempo?

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La película cuenta con una buena fotografia y buena música, pero a mitad de la película parecía que no sabía como terminarla y acaba en desvaríos.

Joel Schumacher es el director de esta película, siendo una especie de remake de otra obra titulada 23. Joel y Jim ya habían trabajado juntos antes, en la nefasta Batman Forever y probaron a trabajar de nuevo pero esta vez en un drama. La dirección es bastante buena, ya que no es la primera vez que veo esta película y he podido comprobar que hay muchísimo detalle tanto en la imagen como en la fotografía. Hay algunos planos inclinados, seguramente en 23 grados y mucho color rojo, en el tono que se obsesiona Walter al coincidir con el número 23. Mucha vidriera que da una iluminación cálida cuando es agradable, buenos planos gracias a la interpretación de Jim Carrey y los colores muy acertados, ya que al principio tenemos colores más agradables y cálidos en contraste de los momentos de locura, que vemos colores grises y azulados, siendo muy frio a la vista. La banda sonora tampoco es destacable, así que lo que comenzó siendo una película interesante, tirando del carro la dirección y la fotografía, se cae por culpa del guion.

¿Merece la pena, sí o no?

Hace años recomendaba El número 23 como una película que retrata la obsesión y como alguien es capaz de perderlo todo por culpa de esto. En parte es así, ya que la primera mitad vemos como Walter va perdiendo la cordura y la confianza en si mismo al verse reflejado en Fingerling, pero a partir de la segunda mitad se pierde todo en tratar de resolver el asesinato de Laura.

La dirección y la fotografía es buena, pero no es tan destacable como para forzar a alguien al visionado de la película. A pesar de que Jim Carrey es sobresaliente en la película, no es una obra que pueda recomendar por culpa de ese desastroso final. Es una lástima, pintaba tan bien…

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