Cuando una bruja te asusta sin verla… O al menos lo intenta – Crítica a “The Witch”

De nuevo os traigo alguna de las películas de terror que más han triunfado en taquilla durante los últimos años, tomando en esta ocasión “The Witch” bajo lupa a los ojos de este crítico. A pesar de tener un titulo bastante claro, me dejé llevar; últimamente quiero tener menos punto quejicoso a la hora de ver una obra y dejar que los sentimientos fluyan poco a poco y no como una volcán furioso. “The Witch” es parte de la productora “A24” y del director Robert Eggers, siendo esta película su segundo film pero el primero estrenándose como guionista.

Lo siento Robert Eggers, pero casi me quedo dormido. Comenzamos.

¿De qué ira La Bruja? Pues de una bruja, está claro

La premisa de la película está claro en su titulo, pero como se desarrollan los hechos pueden hacerla única. Comienza con una familia que procesa el protestantismo, rama del cristianismo muy extendida en el siglo XVII en Estados Unidos, siendo estos expulsados de su comunidad. La religión está muy acentuada a lo largo del metraje, como veremos más adelante. Paran en un lugar lejano cerca de un rio y un bosque y no sabemos cuanto tiempo pasa, pero da tiempo a construir un hogar, tener una granja, un pequeño cultivo y dejar embarazada a la madre y tener a la criatura.

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Durante este tiempo las cosas han ido según su curso, siendo una situación tensa en la familia pero no hay indicios de que su calidad de vida disminuya. Todo cambia en el momento en que la hija mayor y protagonista, Tomasin, pierde al bebé. Jugando a esconderse con las manos, en un segundo el infante desaparece de sus vidas y jamás supieron. ¿Qué pasó con él? Pues entramos directos con la bruja.

La que pactó con Satanás matá al bebé y se lo unta como si de un ungüento fuera. La escena es fría, oscura y sucia, un gran trabajo por parte de la dirección. Tras este hecho, vemos como la familia empieza a sufrir de dolencias tanto físicas, mentales y falta de recursos.

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Las cosechas empiezan a tener enfermedades, siendo el maíz que plantan inútil tanto para la venta como para su consumo. Tienen problemas económicos por su falta de recursos y el padre vende una copa de plata de su esposa, que pertenecía a su padre, creando problemas domésticos incluso con los niños delante. El niño enferma y tras una tensa escena donde parecer estar poseído acaba muriendo con estertores y mucho sufrimiento.

Los niños gemelos dicen hablar con un macho cabrio negro, imagen que representa a Belcebú. Estos no paran de tocar las narices en cada una de las escenas, siendo así castigados por su hermana mayor Tomasin, que finge ser una bruja para asustarlos. Su madre, una religiosa de alto calibre, lo mide todo a través de su fe en el protestantismo extremo: soy un pecador desde mi nacimiento y tengo que demostrar a Dios mediante todos mis actos mi bondad. Si fallo una misera vez, estaré condenado al infierno por toda la eternidad.

La cabra acaba atacando al padre y lo mata de una cornada tras una fuerte discusión familiar donde todos los implicados acaban mal. La madre muerta y los gemelos también, tenemos a Tomasin derrotada y abandonada en el páramo. Llega la noche y ella acaba firmando un trato con el demonio para asistir a un aquelarre donde es aceptada y elevándose tras aspirar el humo lleno de alucinógenos que la transportaran al regazo de su nuevo dios.

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Se titula “La bruja” pero… ¿donde está?

The Witch” usa las leyendas y cuentos donde brujas malvadas atacaban a familias, cuentos de aquelarres y de extrañas desapariciones, siendo estos la gran fuente de inspiración para Robert Eggers. La idea es sumamente buena, usar todo lo escrito referente a un tema y explotarlo en una película para atemorizar al espectador, pero hay una barrera entre los protagonistas y yo que cuesta a empatizar. Estamos hablando de religión y la creencia de un señor por encima de la creación.

El protestantismo es una rama del cristianismo y a pesar de que la idea de Jesús de Nazaret no fuera la que ha surgido después de su muerte, es digna de mención por la ironía de aceptar al prójimo y bondad al mismo tiempo que te condena al más grande de los tormentos. La familia protagonista es muy devota y es algo lógico en el lugar y contexto en el que viven, pero Robert Eggers se pasa de la ralla.

Entiendo el fanatismo de aquel momento, pero están siendo atacados por a saber qué elemento y la excusa de la religión no para. La presión religiosa en la opinión critica de la población era excesiva pero los protagonistas no son capaces de razonar con dos dedos de frente, unicamente rezando y eliminando cualquier posibilidad de tomar las riendas de su vida. Esto lo podemos ver en el papel de la madre frente al padre, fe contra razón, ganando la primera de paliza a la segunda.

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Robert Eggers arriesga fluidez y naturalidad en los diálogos por mostrar el fanatismo religioso de la época y es algo que a pesar de ser cierto, cansa al espectador. Si leyésemos una novela donde nos cuentan todos los pasos del protagonista, tomándose el tiempo de comer o ir a baño sin llegar a una conclusión de ello diríamos que es realista, pero la realidad no es entretenida.

Le temen más a Dios que al peligro, que es la bruja, pero… ¿Donde está? La bruja, el objeto a temer en la obra, sale dos veces contadas, tres si contamos una escena un tanto erótica. Una en la escena comentada anteriormente, muy bien lograda que nos deja con un regusto agrio y otra donde está con los gemelos encerrados junto al macho cabrio, tan entre sombras que no son más que unos bultos entre la oscuridad.

Suponemos que todo lo malo que ocurre a esta familia es a causa de la bruja, que los ha hechizado por… algún motivo. En la parte final vemos que la familia acaba muriendo y Tomasin se reúne con el aquelarre, pero podría haber sido cualquier hembra de la familia. No tenemos a quien temer, pues a pesar de que el niño muere tras una posesión y es una escena de terror puro, no tenemos de quien asustarnos ya que no sabemos si le está atacando un demonio, un espíritu o la misma bruja. Los niños hablan con el animal, tenemos un plano de un conejo en primer plano, los ojos del macho cabrio, sangre en vez de leche… Pero no tenemos a una bruja apenas en pantalla.

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Cualquier otra película de terror sube su medidor de miedo cuando el ente a temer entra en pantalla. Desde Freddy Krueger hasta Alien; cuando cualquiera de estos aparece, toma las riendas de la trama. En La Bruja no tenemos nada de esto, tenemos que temer a su magia antes que a ella.

¿Entonces la recomiendo, sí o no?

A su favor tengo que decir que las actuaciones son más que creíbles, sobretodo la del joven que fallece tras la posesión, ya que siempre me sorprende a los actores jóvenes hacer semejantes papeles y no tener luego ningún miedo, mostrando profesionalidad desde el inicio de sus carreras. La escasa banda sonora es aceptable y se agradece que la película no tenga mucha carga musical ya que los espacios vacíos de sonido tensa más la situación aunque en algún momento se pasan elevando el volumen.

El vestuario es muy bueno, ya que tenemos muchos ejemplos de la moda del momento y es hasta cierto sentido fácil llevarlo a la pantalla (fácil si lo comparamos con una película de fantasía basado en un libro, donde la imaginación de la dirección de vestuario es importante).

Recomiendo “The Witch” a aquellas personas que le gusten las historias de brujas clásicas. Es una gran mezcla de diferentes hechos que se comentan como reales, pero no esperen una gran profundidad en la obra. Es entretenida pero puede llegar a aburrir por la lentitud de la escena. Siento no poder decir nada mejor pero tampoco disfrute en exceso con ella.

Hasta aquí la critica de hoy; recordad que si os ha gustado dadle like y compartid ya que seria de gran ayuda. Se despide vuestro crítico favorito bajo la atenta mirada de alguna bruja. Nos volveremos a leer muy pronto.

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