El hombre blanco hetero en la televisión – Opinión

Queridos lectores, en esta ocasión quisiera desentenderme del lastre de ser el crítico y analista de series y quisiera ser un poco más yo mismo, alguien más suelto que habla de su opinión propia y disfruta comentando aquello que me da curiosidad. Hoy hablaremos de un tema de actualidad que son las etnias y sexualidades dentro del mundo del entretenimiento. Yo sou un hombre blanco, heterosexual, cis género, europeo, joven y de mentalidad abierta a nuevas ideas y opiniones. No soy partidario de ponerme tantas etiquetas, prefiero decir que yo soy yo mismo, Dani Pinto, y no todas esas características de mi; pero en los tiempos que corren uno debe hacer este sacrificio para que los demás puedan entender lo que quieres decir.

La primera vez que alguien me puso todas esas etiquetas fue un hombre transexual, viejo conocido de mi pareja que me explicó muchísimas cosas sobre “que soy” en el mundo actual, donde las etiquetas y los hashtags son muy importantes. Al principio me lo tomaba un poco a broma pero admitamos esa verdad: clasificarnos es innato en el ser humano, determinar que es lo que somos a través del lenguaje hace que podamos ver la realidad de otro modo y cuestionarnos muchas cosas.

Aunque me pusiera todas esas etiquetas, me quedé con una que me dio curiosidad: cis género complejo. ¿Acaso hay hombres blancos heteros cis género simples? Pregunté, curioso, y me respondieron que sí. Son aquellos hombres que no ven más allá de esas etiquetas y cuando ven un homosexual, ven un maricón, o si ven a una mujer trans, es un travelo. Es alguien que no entiende el mundo en el que vivimos donde la sexualidad ya no la marcan los genitales, si no tu deseo intrínseco de saber identificarte y conocerte a ti mismo.

Aquella conversación se me quedó grabada en la cabeza, viendo como hombres blancos heteros cis género seguimos unos patrones de conducta, pero que en muchas ocasiones no somos como la gente nos ve, o nos etiqueta. Ahora mismo estoy escribiendo esto con una diadema rosa con flores de mi mujer y mientras ella ha ido a trabajar, yo me he dedicado toda la mañana a limpiar y ordenar nuestro humilde hogar. Esto, hace cincuenta años no podría ser, sería un picha floja o un marica, pero en los tiempos contemporáneos se ve como “un buen hombre” o “un hombre de verdad”.

¿Qué es ser hombre? Entendemos qué valores pueden ser femeninos, pues ser mujer a día de hoy, perdónenme por la expresión, está de moda. Pertenecer a un colectivo discriminado es guay, por lo tanto, vamos a intentar hacernos un hueco en algún lugar para ser aceptados. Recientemente salí a comer a un restaurante de Córdoba y vi tres mesas ocupadas donde hombres y mujeres compartían el momento. Dos parejas jóvenes y un matrimonio; el matrimonio estaba compuesto por una mujer muy linda y por un hombre que para resumir, sería el ejemplo de un votante de VOX: viril, musculado, con canitas, guapete, con su polo, una pulsera de la bandera de España… Dejando el marco ideológico y político a un bando, aquel hombre, desde mis ojos, era mucho más masculino que el resto de los hombres que hay habían: la ropa, el peinado y el afeitado no eran tan diferentes a aquel padre de familia, pero su actitud y vestimenta era mucho menos viril que aquel hombre.

Mientras el padre de familia pudiera parecer conservador por su aspecto físico, los otros jóvenes parecían más modernos y posiblemente vayan a favor del movimiento feminista, donde nosotros tenemos que aceptar nuestro nuevo rol en la sociedad. ¿Por qué tuve la sensación que aquel hombre viril lo era más que los otros dos? Analicé su postura, movimientos, forma de habla, forma de andar, la mirada… Aquellos dos jóvenes no mostraban en ningún momento un alarde de masculinidad, una expresión viril o unos gestos que marquen masculinidad. No significa que los viera afeminados, pues luego hablaré de ello, pero si me parecían infantiles. Mientras el hombre viril vestía más como lo que entendemos un adulto (un polo o camisa, unos bueno zapatos o deportivas poco llamativas…) los otros jóvenes vestían de una forma más casual, de deporte, muy juvenil y lleno de colores… Me recordaba a como vestía yo hace diez años, con sudaderas anchas y desgastadas; si hoy vistiera como antaño me vería de nuevo rejuvenecido, pero hoy en día me gusta verme más adulto, incluso veo más ensalzado mi atractivo.

Entonces, ¿qué referentes siguen cada uno de esos hombres para mostrarse al mundo? En muchísimas ocasiones seguimos los patrones de los famosos, imitando su comportamiento o fijándonos en sus palabras y actos para nosotros actuar de forma similar. En esta ocasión me gustaría nombrar a Terry Crews, un hombre que evade las cuestiones de género o de sexualidad para ser quien es, un hombre alto, musculado y aparentemente muy “macho” pero que a través de su corazón de osito de peluche abrazaríamos y nos dejaríamos llevar en sus brazos toda la vida. Pero, a pesar de ser un ejemplo a seguir para muchos hombres en cuestión de masculinidad y olvidar algunos estereotipos masculinos que actualmente son cosa del pasado, no puedo obviar que es negro. Es hombre, igual que yo, a pesar de nuestras diferencias nos sentimos cómodos en nuestro género y no vamos a obviarlo, pero nuestra etnia es distinta.

Quisiera ver un hombre blanco heterosexual cis género en alguna serie de televisión contemporáneo en el que poder sentirme identificado. Antaño había muchos hombres así, pero los tiempos cambian y tenemos que tener representantes siempre, así que me voy a fijar en tres series que recién he visto de Netflix que más actuales no pueden ser: hablaré de “Unbrekeable Kimmy Schmidt”, “Descolocados” y “The Good Place”.

La irrompible Kimmy y el empoderamiento femenino.

En “Unbrekeable Kimmy Schmidt” podemos ver el mundo a través de Kimmy, una mujer que ha sido encerrada por un malvado reverendo durante quince años. Encerrada en los noventa, Kimmy es liberada en el mundo actual y ella, a pesar de todo lo que ha tenido que vivir, es una mujer que jamás se ha quebrantado. Es dura, fuerte, infantil pero muy maternalista, cuidando siempre de todo sin distinción ninguna. En su localidad natal iba a ser tratada distinta por los hechos ocurridos, así que decide mudarse a Nueva York para cambiar totalmente de vida.

Vemos a una mujer fuerte y empoderada, como debería ser, ya que tras tales acontecimientos, debe aprender a valerse por si misma. En Nueva York conocemos al maravilloso Titus Andromedon, un hombre homosexual que intenta vivir de la actuación y sobretodo el cante. Este hombre es muy femenino como indican sus ropajes, sus gestos y su forma de hablar. En cualquier momento que veamos a este personaje en pantalla vemos que dejamos a un lado la masculinidad y vemos a un hombre femenino. Hay hombres homosexuales que actúan de forma femenina, pero en algunos aspectos de su vida muestran algo de masculinidad y viceversa. Los hombres que nos consideramos masculinos no nos definimos por ciertos momentos haciendo alarde de testosterona, pero no nos abanicamos con unos gestos precisos y amplios, hacemos caída de ojos cuando cotilleamos ni solemos tener el habla meloso. Puedes tener todas esas características y ser completamente hetero, nada más faltaría, pero tenemos que comprender que suelen ser gestos de seducción femeninos.

La casera es una vieja loca que aparta totalmente sus etiquetas (mujer blanca y anciana) y se queja de los blancos en especial. Titus se queja abiertamente de mujeres, hombres, blancos, negros, gays… No tiene filtro, mientras que la casera no los tiene con los caucásicos.

Pero junto a Titus, la parte observable con el prisma del feminismo contemporáneo lo encontramos en Jackqueline White, una mujer blanca, rubia de ojos azules de orígenes nativo americanos. Parece extraño ya que no encaja nada con nuestra visión de un nativo americano, pero no vamos a discriminarla por no parecer lo que es. Al principio se nos muestra como una mujer blanca que necesita de un hombre para poder vivir, ya que es ella misma admite que no es capaz de estar sola.

Como vemos, no tenemos ningún hombre blanco hetero en el elenco protagonista. No os preocupéis, no voy a ponerme a llorar porque no me vea representado aquí y me quejaré de que todo es una mierda y las mujeres han destruido el mundo. El problema lo veo cuando aparece un hombre blanco hetero en escena: suele ser un viejo rico, racista, muy básico en sus ideales, nacionalista y sobretodo, extremadamente idiota. Los dos únicos blancos que merecen la pena fijarse son un anciano que muere a los pocos capítulos de aparecer en pantalla y otro que sale del armario llevado por Titus en la apasionante aventura de ser gay. Este último está aterrado, no por salir del armario, si no porque no sabe ser gay. ¡No sabe ser gay! Por favor, estamos en pleno siglo XXI, si eres gay lo eres, no hace falta seguir el manual homosexual o comprarse el libro “Homosexualidad para tontos”. Eres quien eres y no tienes porque seguir unas normas para que el mundo sepa de tu sexualidad; las etiquetas atacan de nuevo.

Descolocados” y la ausencia de blancos con dos dedos de frente

Si eres una persona que cree que la marihuana debería ser despenalizada, legal dentro del marco jurídico de la medicina y poder disfrutar de sus beneficios, esta es tu serie. Se ambienta en California donde la marihuana está legalizada y un desconocido puede probar suerte en los negocios trayendo este maravilloso producto al mundo.

La protagonista es una mujer que vivió los años 60’, donde los movimientos feministas triunfaron con gran fuerza, irrumpiendo y molestando el gobierno de Nixon. En su momento intimó con un hombre y tuvieron un hijo; a pesar de que ella es más blanca que la leche, su hijo es bastante negro, así que suponemos que las relaciones interraciales no son un problema para ella.

Tenemos a un guardia de seguridad que participó en la guerra de Irak y está curando sus traumas, aún así las pesadillas siguen y hace uso y consumo de la planta para tratarse, gracias a los consejos de sus compañeros. Es un ejemplo a seguir de masculinidad, pero también es negro; a pesar de ello, no hay ninguna problema en tomarlo como referente, pues alguien con unas convicciones tan firmes y una gran disciplina son dignos de admirar por todos, indistintamente de su sexo. Tenemos a una asiática que trabaja en el local que, oh sorpresa, sale con el negro. Un cliché muy usado en la televisión, pero no es una opinión sobre los tópicos.

¿Quienes son blancos? Tenemos al cuidador de las plantas, un joven chiflado blanco que se crió en el campo y habla con las plantas de marihuana, teniendo incluso una relación amorosa con la madre naturaleza; en conclusión, un blanquito pirado. Tenemos al profesor de Tae-Kwondo-Do cuyo local está al lado del dispensario, un autentico inútil que ni siquiera es bueno en su profesión. Es tonto, sumamente tonto y el chiste fácil. Y volvemos a tener a un viejo blanco, abierto de mente que sale con la protagonista pero que dura media temporada porque maravillosamente, también muere para la temporada siguiente que no podremos ver porque la cancelaron. Maldita seáis, productoras capitalistas que solo ven el beneficio económico y no los sentimientos de los espectadores…

De nuevo tenemos a hombres blancos que son el chiste fácil. No tienen una trama seria, siempre son usados como el recurso cómico para la serie y la verdad, no resaltan en pantalla por su masculinidad. Incluso me atrevería a decir que un personaje secundario femenino (una extraña pareja de fumetas compuesto por un hombre negro y una mujer blanca) es el referente masculino, pero usando actitudes tóxicas, ya que a la hora de ligar con mujeres (suponemos que es bisexual) lo hace con un desdén y una agresividad que antaño podíamos comprender, pero a día de hoy esa fuerza, vista en un hombre, sería muy negativo.

The Good Place” o como aprender a ser buena persona.

En esta serie podemos ver como cuatro personajes mueren y llegan a “El buen lugar”, un cielo VIP donde solo los mejores pueden entrar. Los protagonistas son una mujer inglesa con raíces indias, un estadounidense de origen asiático, un australiano de tez negra y una mujer blanca estadounidense. Dos hombres y dos mujeres, intentando abarcar el abanico de la humanidad al máximo para que todos nos podamos ver representados.

El único hombre blanco es el director de este paraíso, pero no tiene género en realidad. Ha decidido tener ese aspecto para que los humanos que allí residen le den una forma física; podría haber elegido ser una mujer, negro/a, asiático/a, trans… Pero eligió a un simpatico hombre blanco. Lo que haga después del final de la primera temporada es spoiler y no voy a tratar ese aspecto, pero su apariencia física es poco importante, porque en esta serie da lo mismo tu etnia o tu sexualidad: estamos hablando de la vida después de la muerte.

Si que es cierto que en un capitulo de la segunda temporada, el director de El buen lugar toma las riendas de su vida de un modo nefasto, comportándose en algunos momentos de forma machista, libertino y con la frase “la vida son dos días” como filosofía para afrontar los hechos. Todos, incluso el más tonto de la serie, ve esos actos como algo negativo, como palmearle el culo a una mujer por uso y disfrute de uno mismo sin su consentimiento.

En esta serie apenas hay diferencia entre hetero o homo, hombre o mujer, unicamente importa los actos que hayas cometido en vida y apenas se mojan decidiendo que actos son bueno o que son malos, excepto los que son muy claros.

Entonces… ¿Qué podemos hacer?

No voy a ser yo quien mande a los dirigentes de las grandes compañías y volvamos a tener como referente cultural a un hombre blanco heterosexual. La visión del mundo cambia a través del prisma que lo quieras ver y el sexo, la etnia y la sexualidad son los filtros actuales. Pero en esas tres características, el hombre blanco heterosexual se está viendo reprimido a papeles muy secundarios donde somos una burla. ¿Podemos tener papeles cómicos? La respuesta es un claro sí, por supuesto; pero que la comedia no quede relegada al tono de piel o sea un humor simple.

En viejas películas policíacas, siempre era un blanco con un compañero negro que resolvían crímenes. A día de hoy podemos ver “Brooklyn 99” donde el jefe es negro y homosexual y su compañero en muchas ocasiones en un blanco judío. La comedia es comedia y a pesar de eso, algunas veces la etnia a la que perteneces puede ser un motivo de humor. Pero cuando veo a un blanco heterosexual en “Unbrekeable Kimmy Schmidt” es un autentico patán que tienes que estar encima de él para que no se pegue un tiro en el pie o guiarle en el camino a ser homosexual porque como hombre blanco, no sabe nada más allá de lo que le permite su color de piel o sexualidad.

El tiempo pasa y las opiniones cambian; estamos en un punto en que debemos abrirnos y si vemos un hombre con una falda no pensemos nada raro, porque una falda no es extraño. Si un hombre quiere dejarse el pelo largo, tener gestos femeninos pero se considere hetero es maravilloso. Que un hombre pueda parecer un asesino en serie pero en realidad tiene el corazón de oro y moriría por su familia e hijos. Dejar de lado al hombre blanco hetero porque sí, porque ahora nos reímos porque le ha tocado a él ser la burla… Lo siento, es algo racista.

Dicen que el racismo es unidireccional, que va de blancos al resto del mundo, pero en la crítica de “Déjame salir” ya hablo del racismo y de como un negro puede discriminar a otro negro si no actúa como tal. Tal vez a día de hoy vemos a hombres blancos y nos quejamos de ellos no por sus actos, si no por el tono de su piel. Es absurdo tener que decir esto en la actualidad pero me veo obligado a ello. El tono de la piel no debería influir en nuestras vidas. Vemos las diferencias físicas pero no por tiene porque haberlas mentales; el ser humano es maravilloso en su totalidad y diversidad, amemos eso antes que diferenciarnos por algo tan banal como nuestra nacionalidad, etnia o sexualidad. Disfrutemos de quienes seamos y no de como nos gustaría que nos vieran.

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