En un mundo de ladrones, el gran pecado es la estupidez – Crítica y reflexión de Miedo y asco en Las Vegas”

Hace unos años, cuando era bastante más despreocupado del mundo que me rodeaba, cogí el coche y me fui a reventar el cuentakilometros. Salí pronto por la mañana, recogí a los amigos y nos fuimos con el coche al norte para visitar las montañas. Obviamente, el sol, el hambre, la sed y unas caladas a un cigarro artesano hizo que la cabeza me volara. Notaba el viento entrando por la ventanilla con tremendo ruido, el calor golpeaba segundo a segundo y mi cabeza empezaba a desconectar cables de forma aleatoria.

La montaña cada vez estaba más cerca pero yo me encontraba cada vez más lejos. ¿Y que escena me vino a la mente? Exacto, era Johnny Depp en aquel cochazo descapotable con un latino a mi lado (en mi caso, libanés) huyendo de una banda de murciélagos imaginarios. La experiencia fue menos intensa que en la película, pero muy interesante bajo la piel. Muchos recuerdan “Miedo y asco en Las Vegas” como una experiencia donde las drogas van de mano en mano y vemos la experiencia que causan, pero muchos no recuerdan ni siquiera como termina.

Después de leer la novela, pensé: este libro… ¿de qué trata? No me quedó muy claro el objetivo de la novela, y es que olvidé el detalle de que Hunter S.Thompson no era novelista, era periodista. “Miedo y asco en Las Vegas” no pretende hacernos pensar a partir de la imaginación, si no que vivamos en nuestras mentes una experiencia donde las drogas y el descontrol son el motor de los deseos.

¡Eh, ese autoestopista es Tobey Maguire, nuestro amigo y vecino Spiderman!

Nuestros dos protagonistas viajan en un coche descapotable y hablan de un reportaje como si les fuera la vida en ello. Todo se trata de una forma muy seria, profesional, algo totalmente contrario a ellos dos. Ambos estaban en un restaurante cuando informaron al periodista Raoul Duke que tiene que debe escribir un reportaje de una carrera de motocross en Las Vegas. Algo sencillo, no muy complicado, pero se lo toma como si fuera un agente secreto y se arma para ir a la ciudad de la que Elvis hablaba. Se aprovisiona de un coche de alquiler que no volverá a estar bien en su vida útil, compra decenas de drogas y pasan la noche en la playa antes de partir.

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¡Ei! ¡Es Tobey Maguire! ¿Como no vamos a recoger a nuestro querido amigo, vecino y futuro Spiderman?

Una vez instalados en el hotel, se ponen bien ciegos de alguna droga (es imposible acordarse de todo lo que toman) y escuchan noticias sobre la invasión en Laos. Drogados va a ser su estado natural, así que Raoul se infiltra en una banda de moteros y cuando esta en grave peligro, su abogado le rescata, sin camiseta, obviamente.

Por el momento vemos un tono bastante burlesco en la actuación del dúo protagonista. Por el momento el señor Thompson nos muestra la locura a la que las drogas nos puede llevar, llegando a tomar a la gente de la recepción por lagartos humanoides, llegando al punto del desquite.

Raoul se toma unas cuantas birras en el bar mientras espera que la carrera de motocross inicie, pero como hay una tormenta de polvo, se refugia y sigue dándole a la botella. Poco después, a causa de las drogas la vuelven a liar y los echan de un bar. Reconocemos la escena del circo y la mescalina, escena bastante bien lograda en el film y luego vuelven al hotel. El abogado comienza a alucinar, declarando delante de su amigo que matará a todos los que viajaban en el ascensor con ellos, pero Raoul lo deja pasar porque son solo delirios de un yonki. Se da una vuelta y al volver vemos al abogado en la bañera que se quiere suicidar tirándose la radio encima. No comentaré mucho más porque la escena es prácticamente calcada a la película y para aquellos que no la hayan visto, pueden cerrar esta página y buscarla lo más rápido posible.

Al cabo del rato, descubre que el abogado se ha marchado, dejándole responsable de una suma importante en el hotel, con una maleta llena de drogas ilegales y un arma. Tenemos al protagonista en un problema muy gordo; una carta le dice que debe infiltrarse en un congreso de narcotráfico donde asistirán unicamente periodistas y policías. Como es de esperar, elige salir huyendo de la ciudad alquilando un nuevo coche, huyendo de los problemas que ha causado. Pero al parar en un lugar inhóspito encuentra un policía que le ayuda a descansar. Llama de nuevo al abogado y engañándole le dice que está en el hotel. Nuevo objetivo: volver a Las Vegas.

Las cosas comienzan a complicarse; nos muestran al verdadero protagonista de la historia, ya que por el momento tanto Raoul como el abogado actúan por igual, pero en ese momento entendemos que el segundo no esta dentro de sus cabales. Es alguien desquiciado que las drogas, el alcohol y el calor del desierto ha frito los circuitos de su mente y vive en otra realidad. Raoul, que es un poco más cuerdo que él, teme sus acciones, pero sabe que debe de volver a la ciudad. ¿Por qué? Podría huir y dejarlos a todos tirados, pero él no actúa así. Debe meterse hasta el fondo.

Se instala en el hotel ante los ojipláticos policías, ya que en el recinto se efectúa un congreso de la DEA (agencia anti-droga). En el cuarto del hotel encuentra a su abogado junto a una joven artista muy drogados ambos. Raoul dice de aprovechar y ya que está drogada, prostituirla para poder sacar un dinero, cosa que molesta mucho al abogado. Al final acaban librándose de ella pagando un taxi y llevándosela lejos, pero ella acaba llamando diciendo que los va a denunciar y Raoul se droga hasta las cejas para pasar el mal trago. Bajan a la convención y se ponen a conversar sobre el trato a la marihuana y el abogado se pone nervioso entre tanto policía. Llegamos a un momento gracioso donde engañan a alguien fingiendo ser ambos de una secta satánica que matan familias para alimentarse de su sangre y órganos.

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Al final acaban por insultar a unos policías y tienen que huir. Camuflados en un restaurante, el abogado coge a la camarera y la amenaza con un cuchillo sobre el cuello y dialogan sobre qué es el Sueño Americano. Acaba por dejar al loco de su abogado en el aeropuerto y que otro se encargue de él. Raoul piensa sobre el Sueño Americano, recordando un hombre pobre que comenzó abajo y subió de forma poco ética. De nuevo se tiene que trasladar y se ríe de unos policías por no entender la mentalidad de los jóvenes del momento: es imposible que encuentren de ellos drogas como la marihuana ya que no se drogan con alucinógenos, si no con depresores como la heroína. Al llegar a Denver, entra en una farmacia con una receta falsa y se droga de nuevo. Fin.

Voy demasiado drogado como para entender algo… Creo…

Este es un resumen de lo que podemos encontrar si abrimos el libro de “Miedo y asco en Las Vegas”. ¿Os ha gustado? Yo os diré mi verdad: mientras lo leía, me quedaba pensativo discurriendo conmigo mismo el porqué de esta novela. Terminé el libro con el mismo pensamiento en mente y me di cuenta de una grave realidad. Hunter S. Thompson no es escritor, es periodista.

Cuando hablamos de la película, recordamos escenas icónicas dentro del mundo del cine, con aquellos planos extraños, con Benicio del Toro haciendo un papel increíble y Johnny Depp… en un día normal y corriente. Al hablar de “Miedo y asco en Las Vegas” recordamos los momentos de locura, el efecto de las drogas, de los movimientos estúpidos y de las conversaciones locas que tienen este dúo protagonista, pero hay cosas que se nos escapan.

El señor Thompson no tiene ni idea de como crear una novela interesante, ya que cada capitulo te cuenta o qué hacen mientras están drogados o momentos antes de drogarse, de un modo u otro. Si quieres leer o ver a dos personas ponerse muy locos, es vuestro libro o película, pero si queremos algo de profundidad, no nos sirve de nada, excepto si conocemos un poco antes al escritor.

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No, no es Johnny Depp, es el verdadero Hunter S.Thompson.

Este era un muchacho problemático, incluso en el servicio militar. A pesar de crear más problemas que solucionarlos, le gustaba mucho el oficio de periodista. Informar al mundo le gustaba, pero había problemas en los años 70’. Hasta entonces, una noticia se producía en los actos de llegada, explicar qué es lo que ha pasado en aquel lugar y volverse. A Hunter esa idea la encontraba absurda porque no podía llegar a conocer nada de lo ocurrido si únicamente llegaba, informaba y volvía a casa. Tenía que meterse hasta el fondo.

Así se creo el periodismo Gonzo: meterse hasta el cuello dentro del lugar e informar siendo el periodista alguien integrado con la noticia. Es una práctica que los hispanos hemos visto en varios reportajes como “21 días…” pero de algún lugar tuvo que venir. Hunter, como podemos deducir, tuvo un problemilla con las drogas y es reflejado en la novela. Al leer “Miedo y asco en Las Vegas” no estamos leyendo una novela con una base definida con principio y final donde las drogas nos llevaran a distintos puntos de la trama. Es el momento contemporáneo a la época a tratar. Estamos en los 70’ donde las drogas pasaron de ser alucinógenas (como ejemplo el festival de Woodstock) a ser depresivas (véase el auge de los Sex Pistols y los movimientos musicales Rock y Punk). Estados Unidos está en guerra con el sureste asiático a punto de fracasar en Vietnam, siendo una de las pocas guerras que el país no ha podido ganar. Hay estigmas sociales, como los comentarios de la nacionalidad samoana del abogado y el humor negro está en auge. El Sueño Americano es representado con un burdo ejemplo de un ladrón que llega a lo más alto, pero en un país como EE.UU. puede ocurrir de todo.

Hunter dedicó toda su vida a ese tipo de periodismo, legado que nos ha llegado a día de hoy usando métodos muy parecidos. El periodismo sigue informando de la noticia, pero no somos capaces de meternos de lleno en ello… ¿O tal vez sí?

Pensemos por un momento: si hay una trata de drogas y eres periodista, vas a ser un mafioso por el tiempo que dure el reportaje y si te tienes que meter, lo haces. Pero si te digo que la investigación es el caso de un niño desaparecido, ¿qué hacemos? Podemos optar por llegar, informar y desaparecer dejando a la familia en el mismo estado cuando llegaron los periodistas, ser usados para las noticias del momento y adiós. O podemos quedarnos con ellos e informar de todos y cada uno de los sucesos, mezclando nuestra vida personal con esa familia.

Estaríamos ante un periodismo de investigación, ya que se informan de primera mano lo que está ocurriendo, pero le damos un mal uso. En este caso es puro morbo: nosotros podemos imaginar que efecto tiene en la familia alguien desaparecido, no es necesario mostrarlo. Un buen periodista que actúa con esta filosofía de trabajo se juega realmente el cuello informando de actos peligrosos para la sociedad o para uno mismo. Hunter probó todo tipo de drogas y se infiltró en una peligrosa banda de moteros para conocer los hilos, sufriendo daños físicos en el momento de su expulsión. A día de hoy tenemos periodismo de investigación, pero los autores arriesgan más bien poco. ¿Qué importa que un periodista duerman en la misma cadena de televisión para informar de algo, si está a cientos de kilómetros del hecho y no le afecta en nada los cambios ocurridos?

Miedo y asco en Las Vegas” no es una novela para disfrutar de su trama, es para conocer con exactitud un momento de la historia. Aprendemos como es un verdadero periodismo de investigación, transformarse en parte de la noticia y mostrarlo al mundo. Como toda formula de trabajo, se puede tergiversar para transformarlo en algo cómodo y de gran reconocimiento, a pesar de quedarse en el plató. Cuando vemos un periodista jugarse el cuello, como por ejemplo en una guerra, olemos el legado de Hunter y su experiencia en Las Vegas de los años 70’ y tenemos que empaparnos de lo que estamos leyendo pues quien escribe no opta por entretenernos, si no por contarnos la verdad.

Hasta aquí el análisis y reflexión sobre esta extraña novela, recomendable a todos aquellos que estudien periodismo. Se despide vuestro crítico y analista favorito, Pinto, y nos volveremos a leer pronto. ¡Hasta la próxima!

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