La Neolengua y el fin del pensamiento libre – 1984 de George Orwell

De todos los rincones del mundo nos llegan la noticia de que el mundo cada vez va a peor. Yo, asombrado desde mi cueva en medio de la meseta andaluza, comprendo que no es que estemos cada vez peor, pero nunca hemos estado bien. Las grandes historias de la humanidad siempre han sido salpicadas por gotas de sangre que provienen de algún lugar del mundo. Cualquier cosa que hallemos lo manipulamos con nuestra dicótoma de bien y mal, y aquello que podría ser un paraíso, lo podemos transformar en un infierno.

Me remontaré a la Guerra Civil Española, a principios de siglo XX. Una época dura para la nación, hermanos luchando entre si, traicionándose por su ideal, su concepto de “paz”, “libertad” y “fuerza”. Todos unidos contra el enemigo, pues es diferente a mi; esa es la premisa con la que instruir al buen soldado que es incapaz de pensar. Entre las filas, tenemos a un británico que escribirá el libro distópico más famoso de su siglo: “1984”, bajo el seudónimo de George Orwell. Aterrado por la situación del periodismo español de la época, que no escribía sobre los hechos ocurridos, si no de lo que debería haber pasado desde su punto de vista, decidió usar varios conceptos que después llegarían a las manos de la Segunda Guerra Mundial. Fascismo contra comunismo, una guerra donde el perdedor será el ciudadano donde no se le informara de lo que hace cada bando, si no que se le manipulara para que esos actos se vean despreciables.

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Paz es guerra. Libertad es esclavitud. Ignorancia es fuerza.

“1984” comienza en los ojos de un ciudadano aterrado. La sensación de miedo y opresión es constante en cada una de sus lineas. En sus manos, un libro vacío, nada escrito. Nada tenemos que temer a un libro, pero en la sociedad en la que vive Winston ese gesto el mayor crimen contra la humanidad. La habitación en la que se aloja tampoco es segura; el gobierno centralista tiene cámaras y micros en cada uno de los rincones, incluso en sitios que desconoces… Todo esta controlado. Winston se esconde de estas cámaras y con un temor apabullante, intenta escribir algo en aquel libro. Él conoce algo que los demás ignoran: toda la historia que conocen y les rodea hasta el punto de ser influyente en sus vidas, es una completa falacia.

Trabaja en el conocido Ministerio de la Verdad, un lugar dirigido por el gobierno donde recortan fragmentos de la historia y los manipulan a su antojo. Lo que ayer era bueno, hoy pasa a ser malo y puede que mañana sea un aliado. El ciudadano de a pie obedece y no cuestiona nada de lo que le digan. Bajo el yugo de un autoritarismo utilitario, la sociedad tiene un puesto de trabajo para ti y eres útil para esas funciones, nada más. No puedes conocer más allá de lo que te pertoca, pues Ingsoc te da lo que necesitas. La disciplina es sumamente importante; moveros todos al unisono y en la misma dirección, es lo correcto si no queremos una guerra interna. Todo el ambiente es opresor, las lineas que componen la novela parece que te sumergen en un mundo el cual es imposible escapar. Pero el peor momento de la parte inicial son los “Dos minutos de odio”.

En esos dos minutos, George Orwell nos muestra como la sociedad es fácilmente manipulable. En una sala acondicionada, nos muestran la imagen de Goldstein y las emociones estallan. La gran mayoría sienten un odio irremediable contra esta figura, atacando a la imagen como demonios encolerizados, otros se apartan a un rincón, llorando y gimiendo ante el pavor y el miedo. Este hombre es poco mencionado en la obra, pero representa a alguien que ayudó en la revolución que nos ha transportado en este momento; la historia fue manipulada para que él y solo él fuera el culpable de todos los males de la sociedad inglesa del momento.

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El sexo está altamente controlado también por el estado pero también por los ciudadanos. Muchas de las mujeres están en la Liga Anti-Sex, cuyo nombre indica bastante su empresa. Las mujeres que se comprometen a la familia no tienen el suficiente poder adquisitivo, siendo estas presentadas como pobres. Sus hijos heredan las enseñanzas del estado, y son pequeños espías a sus disposición. Con solo mascullar alguna palabra que el estado no quiere, tus propios hijos podrían venderte como un espía enemigo.

El mundo es cruel, despiadado, ruin y desolador. No hay esperanza en ningún momento. Pero algún día, el sufrimiento desaparecerá, pues no tendremos palabras para expresarlo. En la ciudad de Londres, donde se encuentra Winston, se está construyendo la Neolengua: la reducción y modificación del lenguaje para hacerlo más “asequible” a todo el mundo; pero tras esta propuesta se esconde una terrible verdad: sin palabras no podemos expresar ni sentimientos, ni objetos, ni cosas abstractas… Sin la palabra “libertad”, esta carece de significado. Mantén al pueblo ignorante y todos se moverán como una gran masa uniforme.

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Al parecer, Winston de algún modo u otro es conocedor de la verdad, de la mentira que supone esta sociedad manipuladora. Se siente sólo en este frio mundo y no tiene con quien buscar calor. Compañeros suyos de trabajo no son de confianza, aunque la duda siempre queda ahí. ¿Quién sabe lo mismo que él, y por temor a ser descubiertos, nadie habla de ello? El autor de la obra nos libera en cierta parte cuando Winston conoce a Julia, una joven de la Liga Anti-Sex que conoce el mundo manipulador en el que vive e intenta sobrellevarlo. Entramos en una segunda parte de la novela un poco más laxa, donde en resumidas cuentas, Winston conoce el amor. Nos ponen en una situación romántica pero que podemos compartir. ¿Quién no se ha enamorado alguna vez?

El punto clave de la novela proviene en su tercera parte o final de la obra, que eleva a George Orwell a una categoría superior. La pareja paga a un propietario de un bar que les preste la guardilla, sucia y harapienta, para dar rienda suelta a sus pasiones. Estando ambos juntos, la Policía del Pensamiento entra para detenerles. El propietario del lugar les ha vendido, el amor libre no entra en los conceptos de esta nueva sociedad.

Winston es llevado a la temible habitación 101. Es torturado con sus mayores miedos ya que el estado conoce perfectamente todo lo que ama y odia. Es encerrado sin saber cuanto tiempo pasa; la alimentación es escasa y descansa cuando puede en un pequeño habitáculo. El tiempo pasa, su cabello se cae igual que sus dientes, su piel es tan pálida que muestra todas las venas de su cuerpo. Es humillado y maltratado… Solo conseguirá salir si acepta una clara pero ruda premisa: 2+2=5. Tiene que aceptar al Gran Hermano, aceptar el mundo en el que vive, aceptar que la falta de lógica en muchos de los aspectos de Ingsoc no son errores, si no que son lo que son. No lo pongas en duda, jamás, si no nunca amaras al Gran Hermano.

El tiempo ha pasado y Winston es liberado. Aquellos reinsertados en la sociedad se les da un puesto más bajo; ha acabado prácticamente con su existencia, con su verdadero ser y lo ha redirigido a su antojo. Se encuentra a Julia después de mucho tiempo; la última vez que la vio fue en su pequeño piso, haciendo planes de vida y de repente, desapareció completamente de su vida. Un hola y adiós fue lo único que se dijeron, tal vez para olvidar, tal vez repulsión por lo que hicieron… Tal vez por miedo a las represarías. Después de una gran guerra donde Ingsoc gana la guerra y se adueña del mundo entero. Winston se alegra y decide suicidarse en el Ministerio del Amor, pues en aquel momento amó al Gran Hermano.

Ama al Gran Hermano. Odia al enemigo.

El resumen que acabas de leer puede que no sea muy impresionante, pues su premisa nos puede resultar simple y la verdad, como guión no es nada del otro mundo, pero lo importante no son las relaciones que se traen, si no el mundo que nos envuelve en esta magnifica obra.

Los conceptos de los que habla el señor Orwell son espeluznantes no por el tema ni su exposición, si no por su crudeza al relatar actos que se han cometido a lo largo del siglo XX. El Gran Hermano es el control del estado por completo en nuestras vidas, mostrado con el rostro impasible de un hombre con los ojos bien abiertos y un acicalado bigote (figura similar a Iosef Stalin). Los Ministerios son una burla a la sociedad enfrente de sus 1984-frasesnarices: Ministerio del Amor para las torturas y castigos, Ministerio de la Abundancia para ofrecer el escaso racionamiento a su gente, el Ministerio de la Paz para los asuntos bélicos y el Ministerio de la Verdad para la manipulación de la historia.

La sociedad es tu amiga y a la vez algo que temer. Todos colaboramos a favor del Gran Hermano pero no por amor al ideal, si no por miedo, el miedo del que nos hablan constantemente de una invasión del enemigo y acabar con todo lo que conocemos. Las familias con hijos son despreciables, son algo de un bajo estatus social pero es beneficioso para el estado, ya que esos infantes nacerán con la verdad que ellos les han proporcionado, cambiante a su antojo y vendiéndola como la única verdad. Si tienes alguna duda sobre el sistema montado no se puede notar jamás, pues una acusación es suficiente para llevarte a la cárcel. Y ya sabemos lo que pasa allí…

El terror no descrito: la neolengua en nuestro mundo

Pero sin duda lo más aterrador de todo esa sociedad y sistema no es lo opresivo que resulta, sin escapatoria ni física ni mental… Es la Neolengua nuestro mayor temor. El lenguaje nos sirve para definir todo, incluso lo que no existe. El avance del lenguaje es necesario, pues necesitamos nuevas palabras para definir aquello que vemos y conocemos, en definitiva, el mundo que nos rodea.

Cuanto más vocabulario tiene una persona, por lo general, suele ser más culta y es poseedor de conocimiento. Aún habiendo una guerra, si aquella persona intelectual sobreviviera, podría escribir lo ocurrido o ser conocedor de los hechos. ¿Pero qué pasa si tu lenguaje es recesivo, es decir, tu lenguaje es más simple? Si mezclamos palabras para acortar, nos parecería gracioso e incluso útil, pero a la larga, generación tras generación, ese extraño lenguaje pertenece a nuestra cultura sin conocer su origen y pensar que siempre se ha dicho así, mucho más cuajara esta idea si nadie conoce su lugar de procedencia. Y sé que Cocreta, muslamen o asín no son el mejor ejemplo, pues hasta yo mismo me escandalizo del uso de estas palabras, pero es una modificación de nuestra lengua; si leemos textos de la edad de oro de la literatura española, podemos ver como nuestra lengua es extraña frente a la suya. No podemos despreciar los cambios por completos, mas si vienen de un momento en concreto donde se empezó a usar y queda muestra de aquel momento de la historia.

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El temor que tengo es una neolengua a causa de la globalización. El mundo cada vez está más conectado y tenemos la necesidad de conectar con cada vez más gente. Pero la falta de entendimiento entre nuestros idiomas nos lo impide (éste problema llega a aparecer incluso en el Antiguo Testamento con la Torre de Babel, para que veáis que no es algo novedoso). Os suenan las palabras coaching, fitness, running, co-working, hashtag, followers, influencers,community manager, tips, crowdfunding, after, loser, outlet, perfomance, personal trainer, share, spam, vintage… Son muchos ejemplos para aclarar la invasión de una lengua cuyo hablantes suelen expandirse a cada segundo. Si estos territorios no quieren aprender el idioma de la zona, es más fácil introducir tu lengua poco a poco e invadir generación tras generación. A la larga, la mezcla de idiomas creará una sola para que todos podamos entendernos mejor. Siendo español residente en Sevilla podría leer una noticia japonesa sin necesidad de traducción, pero al mismo tiempo mi lengua pierde fuerza en el mundo. Ya no podría usar palabras ni expresiones típicas de mi nación, porque ni los residentes de esta misma sabrán que quiero decir.

La comodidad y la seguridad de un único lenguaje en un mundo global me aterra. Prefiero una diversidad lingüística antes que una lengua común para los siete mil millones de habitantes. La riqueza de los lenguajes nos definen y un estado autoritario que quiera introducir palabras a la fuerza y te haga no encajar en este nuevo mundo que se forja tras los segundos, es la llegada de un nuevo Gran Hermano.

Espero que a los lectores de la novela más importante del siglo XX les haya gustado ese análisis critico y a aquellos lectores ávidos de nuevas lecturas que lo desconocían, les entren ganas de poder leer esta magnifica obra. Si queréis dejar un comentario, os animo a escribirlo más abajo en su correspondiente lugar. Se despide Pinto con un cálido abrazo. ¡Hasta la próxima!

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